Movimiento Libertario: Crisis del sector eléctrico ecuatoriano es culpa de intervención estatal
Para lograr un mercado energético eficaz se requieren reformas profundas y rápidas que se mantengan en el tiempo.
Es
evidente que el sector energético ecuatoriano no puede seguir como está y que
las soluciones implementadas hasta hoy no solo han sido ineficaces sino también
contraproducentes, pues de nada han servido subsidios, regulaciones y absorción
de pérdidas por parte del Estado.
Primeramente
deben eliminarse los subsidios que sostiene el Estado en el servicio eléctrico
pues estos no solo resultan en una carga en el presupuesto nacional, significan
también un impedimento para las inversiones en este sector, pues subsidios y
controles de precios hacen difícil el cálculo de costos y afectan la
rentabilidad que incentiva a un empresario a instalar una nueva planta de
generación o red de distribución eléctrica. Los precios deben estar sujetos a
las leyes de la oferta y la demanda y no impuestos por una burocracia incapaz
de determinar el "costo apropiado" de un servicio.
El
siguiente renglón de subsidios que deben eliminarse son los subsidios a los
combustibles, pues estos igualmente son un lastre presupuestario y además
generan grupos de privilegiados, pues estos subsidios siendo pagados por todos
a través de impuestos, benefician sólo a ciertos consumidores, así miles de
ciudadanos que no disponen de automóvil terminan pagando parcialmente el
combustible de los ciudadanos que sí disponen de auto. También los combustibles
subsidiados suelen venderse a otros países, el problema no es su
comercialización en las fronteras, el problema es que ingentes recursos en la
forma de subsidios van a parar del otro lado de las fronteras.
Para
que ambas medidas de eliminación de subsidios tengan un menor impacto en el
poder adquisitivo de los ciudadanos, el gobierno debe acompañar estas medidas
con una reducción radical de los impuestos. Idealmente el Impuesto a la Renta debe desaparecer al
igual que el ICE, el Impuesto al Valor Agregado debe reducirse al 10% y deben
eliminarse impuestos y aranceles sobre combustibles importados o producidos
localmente. Estas reducciones tributarias no solo permitirán a los ciudadanos
mantener su poder adquisitivo, impulsarán la producción y la generación de
empleos; hará mas atractivo el país para la inversión nacional y foránea; y con
ello evitará a mediano plazo la migración de nuestros ciudadanos.
Para
permitir el adecuado abastecimiento de combustibles tanto de uso doméstico como
de uso industrial como el que usan las generadoras térmicas, debe permitirse la
libre importación de combustibles y la libre producción de los mismos.
Oleoductos y poliductos deben privatizarse pues los continuos robos y
accidentes producidos en ellos tienen su razón en la pobre supervisión y
mantenimiento de estas instalaciones, una administración privada de los ductos
no eliminará las amenazas terroristas o los accidentes provocados naturalmente
pero hará responsable a la compañía por el buen mantenimiento de la
instalación. Lo mismo debe suceder con refinerías las cuales deben ser
privatizadas o cerradas pues los niveles de seguridad de algunas de estas
instalaciones están por debajo de los mínimos admisibles además de generar
pérdidas a los ciudadanos debido a la corrupción e incompetencia estatal en el
manejo de la refinación.
Las
regulaciones en el sector energético deben eliminarse para facilitar que una
empresa instale refinerías, oleoductos, terminales de abastecimiento de
combustibles, plantas termoeléctricas, redes de transmisión, procesadoras de
biocombustibles, etc. Pues a los usuarios no les interesa los peregrinos
argumentos de "servicios estratégicos", "monopolios estatales
naturales" o "soberanía energética", a los usuarios les interesa
buenos productos y servicios entregados a tiempo y sin interrupciones, sin
importar si estos servicios son provistos por empresas nacionales o
extranjeras. La construcción de plantas hidroeléctricas podría contar
únicamente con el permiso de los municipios involucrados en el área de impacto del
proyecto, aunque si alguien construye un proyecto hidroeléctrico en los
terrenos de su propiedad, no es necesario permiso de ningún tipo, pues si un
proyecto de este tipo no afecta a la propiedad de terceros, el propietario debe
encontrarse en libertad de construir una planta hidroeléctrica en sus terrenos.
Las
regulaciones en el consumo de combustibles también deben eliminarse, debe
permitirse el uso de gas doméstico (ya sin subsidios) en automóviles, etanol o
cualquier otro combustible que pueda imaginarse. El transporte y almacenamiento
de combustibles solo deben obedecer normas municipales ambientales y de
seguridad. Una familia, una empresa o grupos de personas e instituciones deben
estar en libertad de establecer sus propios servicios de energía eléctrica
mediante plantas térmicas, paneles solares o cualquier otro artilugio que pueda
pensarse sin pagar tarifas básicas al gobierno y también deben encontrarse en
libertad de conectarse a las redes de distribución eléctrica para proveer sus
servicios mediante contrato con los dueños de las redes de fluido eléctrico.
Los sistemas de cuotas de producción y de entrega de combustibles habrán de
eliminarse y la cacería de los expendedores de gas por parte de la DNH habrán de terminar pues
tampoco deben establecerse controles sobre los márgenes de ganancia de
expendedores de combustibles.
La
competencia debe primar en todo ámbito del sector energético, no deben existir
regulaciones que impidan el ingreso de nuevas empresas al sector, tampoco deben
impedir las fusiones y adquisiciones de empresas. No deben existir impuestos
discriminatorios al sector, ni regalías, ni impuestos privados como los que se
contemplan actualmente donde el Estado obliga a las empresas a entregar un
porcentaje del monto de un contrato a los gremios profesionales. El Estado debe
pagar las deudas que mantiene con las empresas privadas del sector eléctrico,
el Estado no debe absorber las pérdidas que alguna empresa tuviere ni ofrecer
privilegios de ningún tipo a productores y consumidores. Los riesgos de
monopolización o cartelización del sector serán mínimos si no existen
regulaciones que hagan difícil la entrada de competidores al mercado, de hecho,
no solo empresas sino también particulares y organizaciones civiles podrían
ingresar a ofertar sus servicios en el sector energético.
A
continuación, el gobierno debe privatizar la totalidad de sus empresas de
generación, distribución y transmisión de energía, no es factible que los
gobiernos central y seccionales mantengan administración de empresas de ningún
tipo, pues siempre el sector público tiende a hacer de cualquier empresa un
botín político y nunca se ajustan a parámetros de eficiencia empresarial,
tampoco las empresas públicas funcionan en base a la consecución de logros sino
en la institucionalización de privilegios dañinos subsidiados por los
ciudadanos con sus impuestos.
Finalmente,
el gobierno en el transcurso de la implementación de todo lo anterior debe
haber eliminado o reformado los cuerpos legales y normas regulatorias de los
sectores petrolero y energético. Organismos como la Dirección Nacional
de Hidrocarburos o el Consejo Nacional de Electrificación deben ser eliminados,
la reducción de la intervención pública debe incluir la innecesaria ingerencia
de la milicia en este sector. El gobierno central y los gobiernos seccionales,
ya no deben gestionar contratos con las empresas eléctricas, son los ciudadanos
los que deben contratar el servicio a las empresas de comercialización y éstas
quienes deben contratar con las de distribución y generación, mas ninguna
regulación debe impedir que una empresa haga las tareas de generación,
transmisión y comercialización de energía eléctrica.
El resultado de la aplicación de estas medidas es que a corto plazo se resuelvan
los problemas de escasez de servicio eléctrico, también eliminará la corrupción
e incompetencia gubernamental en este sector, el consumidor tendrá mayor poder
de decisión, se reactivará la producción, se generarán mas empleos y existirá
mayor seguridad jurídica para las inversiones pues el gobierno ya no contratará
ni regulará este sector.
La
liberalización del mercado energético no solo es beneficiosa para el país en
términos de utilidad social, sino que está basada en la ética del respeto a los
ciudadanos y sus decisiones sobre el destino de su dinero.