Restos de piezas arqueológicas encontradas en Cerro Jaboncillo
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Reliquia en el corazón de Portoviejo
El Cerro Jaboncillo está ubicado a 11 km. de la ciudad de Portoviejo en la parroquia Picoazá de la misma ciudad. Tiene 640 metros de altura. No solo es un destino turístico, además de sus hermosos paisajes naturales, es uno de los más sorprendentes sitios arqueológicos e históricos del Ecuador.
Es una verdadera potencia en Manabí, ya que por su impresionante vista panorámica de la ciudad, su flora y fauna y sus riquezas arqueológicas y ecológicas, podría convertirse en uno de los principales destinos de turismo arqueológico del mundo
Históricamente Cerro Jaboncillo era el centro político de la cultura Manteña, y centro adoratorio de esta civilización, y se la denominó “la ciudad sagrada de los Cerros de Picoazá”
El área comprende grandes asentamientos prehispánicos, que han sido pocos conocidos a nivel científico, aunque debido a descubrimientos fortuitos, se ha tenido conocimiento de yacimientos arqueológicos en los mismos, a partir de mediados del siglo 19, así se han dado exploraciones en el transcurso del tiempo que determinaron el paso de tres culturas, siendo la última la Manteña.
Las construcciones del cerro permiten diferenciar las clases sociales a medida que se va subiendo el cerro, siendo la parte superior la que fue poblada por la elite. Comunitariamente construían pozos de agua totalmente empedrados de diez metros o más de profundidad, elementos que aún perduran encontrándose en la actualidad líquido en estado templado, además, hay restos de por lo menos 600 silos (cámara para almacenar víveres o agua), en conjuntos de decenas repartidos en círculo, cada tres metros y cada grupo separado el uno del otro, cada 30 metros. Cada uno de ellos tiene una dimensión de tres metros de hondo y la misma medida de ancho, en otros casos menos y en otros más, están totalmente enlucidos con piedras y amalgamaza en todo su interior, tienen forma de una vasija porque la abertura en la superficie de la boca es de apenas de unos sesenta centímetros de diámetro, los que eran cerrados con tapas de piedras de formas circular.
Se pueden detectar escaleras construidas y pulidas por los propios aborígenes, además de una gran cantidad de restos cerámicos y líticos fragmentados y enteros, también se encuentran muchos entierros aborígenes, todo esto en la actualidad está cubierto por la tierra y la espesa vegetación, por lo que una vez restaurado será impresionante y majestuoso a la vista del turista. Aun los más ancianos de Picoazá recuerdan que en la parte más alta del cerro había un círculo de sillas de piedra, por lo menos en un número de 30, y que sus padres le contaban que allí existieron cuatro templos de oraciones, cada uno instalado en los respectivos lados de las laderas.
Este es un destino que no debe dejar de visitar, ya que la historia se combina con la superstición y el encanto del lugar.