Al Chile Herido, a la ética y al humanismo de Salvador Allende, al depurado arte de Víctor Jara, a las excelsas letras de Pablo Neruda, se rendirá tributo mañana martes 18 de septiembre a las 19:00 en el Teatro Nacional de la Casa de la Cultura.
En el programa "Jara, Neruda, Allende, un solo combatiente" está previsto mostrar el legado que dejaron estos tres grandes luchadores por la hermandad de los pueblos.
La entrada es gratuita. Los pases pueden retirarse en las oficinas del Ballet Nacional del Ecuador – BNE - (Abascal Nro. 653 y Gaspar de Villarroel), Metrodanza (Casa de la Cultura Ecuatoriana).
El 11 de septiembre de 1973, Chile vivió momentos dantescos. En esos días, el Comandante en jefe del Ejército, General Augusto Pinochet, tenía la convicción de que la democracia conduce al caos. Desde ese día, durante 17 años, Chile fue un Estado policial.
Miles de seres humanos fueron asesinados, muchos de ellos hasta hoy desaparecidos. Por sus ideas, centenares de miles fueron al exilio. Millones de libros fueron incinerados. Se prohibió pensar libremente. Todo el que caminaba por la calle era sospechoso.
Desde el inicio, Allende trabajó para aumentar el nivel de vida en Chile con reglas definidas, nacionalizó las empresas mineras, textilera, irradió la educación y la salud para todo su pueblo, el arte y la cultura crecieron. El país vivía una fiesta, envolviendo a la escéptica clase media, mientras los golpistas civiles y militares aplazaron sus intensiones.
Movimientos concertados del interior y del exterior, buscaron desestabilizar el gobierno de la Unidad Popular. No lo lograron, hasta cuando las elecciones de marzo de 1973 mostraron creciente apoyo a su gestión, irritando a los golpistas.
Fue el inicio del fin del inédito proyecto revolucionario por la vía legal de la sociedad chilena. A la hora meridiana del 11 de septiembre de 1973, los militares golpearon cruentamente a las instituciones democráticas, a un pueblo culturalmente floreciente. Miles de cuerpos fueron lanzados a las fosas y al mar, otros tantos al presidió y muchos más al exilio.
El proceso soñado por todo el pueblo, tuvo como excelso actor a Víctor Jara, más conocido como músico que como dramaturgo. Su depurado trabajo artístico se disfrutaba, por igual, en depuradas plateas y fábricas, en campiñas y riberas marinas, en minas y barrios populares. No hubo rincón chileno donde el arte de Víctor llegara con sus mensajes, reforzando los proyectos de la Unidad Popular. Jara fue cortado los dedos mientras cantaba.
Después fue acribillado en el Estadio Chile de Santiago, que hoy lleva su nombre. Decenas de balas perforaron su cuerpo. Su música es emblema y portaestandarte de la lucha de los pueblos.
La tercera gran víctima del sangriento golpe, fraguado en el pentágono, fue el poeta universal Pablo Neruda, cuya voz permanentemente alertó y condenó a los sanguinarios de todas las latitudes, pero también dibujó ternuras y caricias humanas y valoró la naturaleza externa hasta compenetrarla a lo más íntimo de las sensaciones. A ellos se le rendirá tributo en la Casa de la Cultura Ecuatoriana. (BNE)
